Cuando el Fuego del Villano deja de quemar

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Ha muerto “Tiburón”. Richard Kiel, el actor de 2,17 metros que interpretaba a este célebre villano de la saga de Bond, falleció a los 74 años.

Rememorando cuánto me marcó su personaje en las dos películas de la saga del agente secreto, “La espía que me amó” y “Moonriker” (1979), me ha venido a la mente cómo su personaje sufrió una de las evoluciones que frecuentemente se da entre los villanos: Su exceso de humanización para satisfacer la naciente empatía del público.

ARRIMARSE AL FUEGO

La situación inicial suele ser la siguiente: En una serie, o saga de películas, aparece un antagonista o villano (recordemos que la diferencia entre ambos es que, si bien se enfrentan al protagonista o son causas de sus problemas, el villano tiene un componente de maldad en sus motivaciones y actos que el antagonista no tiene). Debido a las características de ese personaje, se genera un sentimiento de admiración vicario en el público, que se siente fascinado por él. Sin embargo, ese sentimiento de aproximación emocional se contrarresta por el rol que el personaje debe cumplir en la narración, al enfrentarse a alguien con quien nos identificamos más aún. El público siente por un lado que le gusta “arrimarse al fuego” por el calor que da, pero no lo puede tocar abiertamente no sea que se queme. ¿A quién le apetece “ir abiertamente” con el malo? Eso produce un desgarramiento interno en el público, que le gustaría apoyar emocionalmente más aún a ese personaje fascinante, pero no puede. 

CUANDO EL FUEGO DEJA DE QUEMAR

Los guionistas, percatándose de la pasión que irradia ese personaje entre la audiencia, optan por lo tanto por hacerle evolucionar (o alterar su rol en la narración), permitiendo que el público empatice directamente con él, liberando así su deseo oculto (¡y prohibido!). De esa forma, en la siguiente temporada de la serie, o la próxima película de la saga, ese personaje, anteriormente villano o al menos antagonista, va a, o bien dejar de serlo al ser sustituido por otro personaje, o bien verse tan suavizado que permita que el público pueda ponerse claramente de su parte. De esta manera, la audiencia no tendrá miedo a “arrimarse al fuego”, puesto que éste ha dejado de quemar. Apoyar emocionalmente al personaje ya no va a ser criticado o impedido por el consciente, por la moral, o por cualquier otro mecanismo de control de las emociones. El público podrá amar hasta las trancas a ese personaje, como si de un apasionado idilio adolescente se tratase.

¡Si lo hago bien tendré mi propia peli!

¡Si lo hago bien tendré mi propia peli!

Casos como los que he descrito hay bastantes, comenzando con nuestro querido “Tiburón”, (que acaba enamorándose de otra secuaz del villano, lo que hace aflorar sus buenos sentimientos y se sacrifica salvando a Bond), o como el agente Gerard de “El Fugitivo” (Tommy Lee Jones), fuerza antagonista que perseguía sin tregua al Dr. Kimball (Harrisson Ford), cuya perseverancia obsesiva le permitió ganarse la admiración de la audiencia, por lo que fue premiado con una siguiente película, esta vez como protagonista por supuesto. (U.S. Marshalls). O incluso el caso del T-800, tan temido en “Terminator” y tan admirado en su continuación.

Sin embargo, diseñar un fuego que caliente pero que no llegue a quemar puede no ser una buena idea…

UNA NARRACIÓN TIBIA

al deadwood

Si yo hubiera sido tan malvado como en la primera temporada, ¡la serie no se hubiera cancelado!

Humanizar a un antagonista/Villano no tiene por qué ser malo, al contrario, puede aportar un montón de matices al personaje. Sin embargo, hay ocasiones en las que quizá no sea una buena idea. Puede suceder que aquello que atrajera a la audiencia fuera precisamente el “calor” que desprendía el personaje, y al suavizarse, deje de ser tan interesante. Esto mismo sucedió según mi punto de vista en Deadwood, con Al Swearengen, el claro villano de la primera temporada, cuya astucia y capacidad de manipulación nos tenía maravillados. Los guionistas decidieron por lo tanto centrarse en él durante las otras dos temporadas, sin conseguir que hubiera otra fuerza antagonista tan “ardiente” como lo era él. Un importante error estratégico desde mi humilde punto de vista. Recordemos que todos pudimos empatizar enormemente con Lord Vader durante su redención y sacrificio en “El retorno del Jedi”, puesto que había otro villano por encima de él que canalizaba nuestro odio y temor: el Emperador. A rey muerto, rey puesto. Pero en Deadwood bajaron a Al del pedestal de villanía en el que le teníamos encumbrado, para acercarle a la terrenal actitud de un protagonista que no se puede permitir actuar de forma tan malvada (recordemos que se alía con el Sheriff local, el supuesto protagonista).

En definitiva, ojo con las maneras en las que humanicemos a nuestros villanos, puesto que podemos caer en la peor de las tibiezas. Por último, recordando a nuestro querido “Tiburón”, quiero cerrar este post con una afirmación que aunque suene categórica y sea criticada por muchos, gozará de la aceptación de los que crecieron viendo cine en los 80: el mejor Bond es Roger Moore.

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