Actores profesionales Vs actores amateurs

¿Qué diferencias hay entre dirigir a actores profesionales y a actores amateurs? Qué ventajas e inconvenientes aparecen en cada caso? Hagamos una pequeña reflexión sobre este asunto. 

CÓMO DEFINIRLOS

Lo primero es definir cada uno de esos dos conceptos. Cuando hablo de actores profesionales, me refiero a gente que haya estudiado interpretación, en mayor o menor grado, ya sea en cursillos, escuelas, o en cualquier centro en el cual hayan tenido acceso a una metodología de interpretación. Pero también me refiero a gente que aún sin haber dado ningún cursillo, tiene experiencia práctica en el mundo de la interpretación como para haber desarrollado un sistema de trabajo propio (el caso de los niños que comienzan como actores, y siguen en la profesión ya de adultos, por ejemplo).

Sin embargo, cuando hablo de actores amateurs, me refiero a gente que nunca ha recibido ninguna clase de interpretación, ni tan siquiera se han sentido interesados en el tema, y por lo tanto su participación en un proyecto es su primer acercamiento al mundo de la interpretación. Pues bien, a eso vamos a llamar actores amateurs. Por lo tanto los actores aficionados, de grupos de teatro de centros culturales, o de universidades, siguen siendo actores profesionales, con conocimientos de interpretación, aunque sea a un nivel no lucrativo.

ACTORES AMATEURS

Vamos a empezar comentando hasta qué punto es positivo para el director elegir actores amateurs para su proyecto. Lo primero que hay que tener en cuenta es que elegimos a ese actor por que ES el personaje, por que vemos el personaje en él, en su forma de moverse, de hablar, en sus facciones, en sus expresiones, aunque a menudo se trate más bien de una cuestión de actitud que de físico. Por lo tanto no le vamos a pedir que se adapte a nuestro personaje, si no más bien lo contrario, nuestro personaje se va a adaptar a él. Normalmente sólo para algunos papeles muy concretos en los que encontremos a alguien que SEA el personaje, vamos a elegir a un actor amateur. Eso sucede a menudo en el caso de lo personajes con un físico muy particular, y con los niños, ya que ellos se van a comportar como son y no les vamos a poder pedir que cambien su interpretación (salvo contadas ocasiones). Esto supone por lo tanto un enorme esfuerzo de casting, para elegir a la persona que más se parezca (en cuanto a la forma de ser ) a nuestro personaje. Lo bueno de este tipo de actores es que en el caso de que “den bien el papel” casi no va a hacer falta dirigirlos, puesto que ellos ya son así. Otro aspecto positivo es su elevada motivación.

Son como niños con zapatos (o rodaje) nuevo. Suelen estar entusiasmados y maravillados por pertenecer al mundo del cine (debido en parte a la errónea creencia de que en esto hay algo de glamour…), por lo menos hasta que la dura realidad de un rodaje les abre los ojos…Tampoco van a demandar la cantidad de información que un actor profesional (normalmente del Método) nos va a demandar. (Aunque para los Directores verborreicos eso sea más bien un inconveniente…). Y por supuesto no podemos olvidarnos de la frescura que significa tener “caras nuevas”. Entre la alta motivación que traen, y su frescura interpretativa, trabajar con actores amateurs puede ser un soplo de aire fresco en la película.

Con respecto a las desventajas que existen, parecen bastante obvias. Principalmente yo destacaría el riesgo. Ese actor no ha trabajado nunca antes, por lo que por muchas pruebas que le hayas hecho, no puedes estar seguro de cómo se comportará bajo presión, en la difícil dinámica de un rodaje. Digamos que es un “salto de fe” por parte del Director. Por otro lado, la necesaria técnica de interpretación frente a una cámara (clavar las marcas, estar en su luz, no enfilarse, etc.) puede también resultar molesta para el actor amateur, dificultándole su trabajo y restándole esa frescura que buscamos.

En definitiva, si conseguimos encontrar un diamante en bruto, a veces trabajar con actores amateurs puede resultar un agradable descubrimiento.

ACTORES PROFESIONALES

En cuanto a los profesionales, el sistema de trabajo es muy diferente. Por lo pronto, un actor con “tablas” va a ser mucho más versátil, y vamos a poder trabajar el personaje mucho más que con los amateurs, en donde todo está ya hecho. Con el profesional se puede ensayar, enriquecer el personaje, mejorar las escenas, matizar el subtexto y las intenciones de los personajes, profundizar en los sentimientos y mejorar en definitiva todo lo que rodea al personaje.

Digamos que el proceso de “creación y búsqueda” del personaje puede ser mucho más profundo con estos actores. Yo recomiendo a los Directores que empecéis, que trabajéis con profesionales ya que os pueden ayudar mucho a crear al personaje. De la misma forma que cuando uno empieza intenta rodearse del mejor equipo técnico posible para suplir sus carencias (o debería ser así. Aunque ahora que lo pienso…¡no debería haber carencias!), también debe uno intentar rodearse de actores experimentados. Dirigir actores es sin duda la parte más difícil de aprender cuando uno empieza, por ello lo ideal es aprender de quien “no necesita ser tan dirigido”.  Y a nivel técnico, a pesar de que un actor profesional provenga del teatro (y por lo tanto no esté acostumbrado a las marcas de foco, por ejemplo), va a adquirir esos pequeños trucos muy rápidamente, y no va a suponer ningún impedimento normalmente (de hecho, también sobre las tablas de un escenario tienen que respetar sus marcas y sus luces, aunque quizá no tan al milímetro).

Desde el punto de vista de los inconvenientes, uno con el que os podáis encontrar en un actor profesional es el de la “gestión de la persona”.  Interpretar, al ser una tarea tan compleja, necesita de una sensibilidad emocional superior a la media, por lo que puede llegar a suceder que nos encontremos con egos desmedidos (a fin de cuentas ellos son la “cara” de la fama), o personas que necesiten un nivel de atención emocional superior al que algún Director esté dispuesto a ofrecer.

Otro complicación con la que uno puede encontrarse es con un exceso de confianza por parte del actor, y que por lo tanto no tenga en cuenta las decisiones del Director, y actúe por cuenta propia. Es más, eso incluso puede llegar a contaminar otros aspectos de la puesta en escena, en la que el actor crea que tenga la última palabra. (planificación visual, montaje, guión, etc.). Total, que a poco que nos descuidemos nos estará dirigiendo la película. Y evidentemente, un actor profesional quizá no tenga la frescura o la capacidad de asombrarse de uno amateur, pero esto también le sucede a éste cuando se acostumbre al rimo del rodaje.

En definitiva lo que siempre hay que tener en cuenta es que un director tiene que ser flexible. A veces trabajaremos con actores amateurs, y a veces con profesionales , pero siempre nos tendremos que adaptar a ellos, y tratarles a cada uno de ellos de forma diferente, sin olvidar que ellos son los que nos están vendiendo la moto de cara al público, superando el terrible “miedo escénico” que eso supone. ¿Has probado a ponerte delante de una cámara…? 🙂

Dirigir actores no es lo único que debe hacer un Director. En nuestro videocurso gratuito del Director de cine profundizamos en los otros conocimientos que debe tener esta figura, sus aptitudes y su comportamiento y trato con el equipo.

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Comentarios

  • Frankym
    Responder

    A pesar de mi poca experiencia, creo que la mejor manera de trabajar con amateurs no es decirle que “actúen” sino simplemente decirles “hagan esto” . O sea no decirles que van a “actuar” sino que van a repetir algo que ya habían hecho en una situación real anterior. Cuando uno le habla a novatos usando la palabra “actuar”, entonces ellos, al intentar actuar o ser actores, pierden naturalidad cayendo en la sobreactuación.

    • Jorge Esteban Blein

      Tienes toda la razón, Frankym. A veces una sola palabra puede coartar al amateur.